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Para empezar el tráfico por la
carretera se paraliza y empiezan las cábalas: el
repartidor el pan y periódico puede que venga o puede que
no, pues va ser que a la hora habitual no. La televisión
puede que deje de verse mientras dure el temporal y
rezamos para que el suministro eléctrico no se vaya al
garete como ha ocurrido alguna vez.
El autobús de línea que viene
de Burgos despídete de cogerlo porque puede que baje con
mucho retraso o que no baje. E ídem de ídem ocurre con el
tren de la Robla.
Las cajas registradoras de los
comercios, esos días, bajan unos cuantos euros puesto que
la gente se retrae a la hora de salir a hacer las compras.
Por las noches hay que proteger
las tuberías ya que al bajar las temperaturas pueden
congelarse y acabar reventadas. Y a todo esto hay que
estar con la pala en mano para limpiar las entradas a las
casas y aún así si la nieve está helada pues patinazo
seguro y culetazo seguido.
Por mucho que pasen las
máquinas quitanieves y echen sal, la nieve helada lo
colapsa todo. También es cierto que nos falta un poco de
experiencia pero le vamos cogiendo el tranquillo y es muy
sencillo: cuando la carretera está nevada y helada hay que
cambiar el chip y resignarse a ver nevar desde el
ventanuco de casa y sacar el lado positivo como que la
nieve purifica la naturaleza en la cual estamos inmersos
todos, nutre a rebosar los acuíferos, además el paisaje
cambia a un monótono blanco que al de tres días se vuelve
insoportable para la vista pero que es gloria bendita para
los esquiadores.
Y ¿A quién no le gusta ver
nevar y luego dar un paseo por una alfombra blanca que
nadie ha pisado antes? Y apretar la nieve en forma de
bolas para hacer blanco en el primer cogote que se ponga a
tiro. Hasta los pájaros se ponen contentos pero no
cantan. Las huellas dejadas en la nieve nos indican el
trajín de los animales durante la noche y de que animales
se trata.
También el refranero tiene su lado positivo: “Año de
nieves año de bienes”
“Año de bellotas la nieve hasta
las pelotas” y es que estos últimos años las bellotas
triscaban al pisarlas por el monte.
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