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MORRILLAZO DE PIEDRA
caliza de la Peña más la arenisca del Ordunte para la
historia. Ya decíamos el mes pasado que los edificios de
Villasana estaban un poco subversivos, pues este mes de abril
ha sido la iglesia y ha dado la campanada.
Fueron a
cambiar el suelo de madera del templo y al levantarlo se
encontraron los esqueletos de ocho personas, asesinadas
vilmente en los comienzos de la Guerra Civil.
En el
valle de Mena no hubo ninguna contienda, sin embargo se
derramó mucha sangre y se vivió con un miedo exacerbado por
envidias, rencillas y politiqueos entre los meneses.
Con
motivo de la presentación del libro “Una historia de la
Guerra Civil que no va a gustar a nadie”, el autor, Juan
eslava Galán dijo: - La Guerra Civil es un cadáver que
necesita una autopsia para enterrarlo bien.
Pues
esto es lo que hace la historia, de vez en cuando, en el
valle. Se resiste a ser pasado y se convertirse en memoria
viva.
Pienso
que sacar ahora las historias de la guerra no benefician a
nadie y lo único que hacen es generar tristezas y recuerdos a
personas mayores que lo que desean es olvidar. Pero esta es la
historia de una de esas personas aparecidas en la iglesia, una
historia que nunca debió de suceder como tantas y tantas que
se vivieron en el valle en aquellos años. Aquí no hay ni
vencedores ni vencidos, ni buenos ni malos, creo que todos
fueron víctimas de un tsunami de maldad que arrastro a todo el
país.
Este
retazo de historia se lo oí contar muchas veces a dos viejetes
nonagenarios, ya fallecidos y que no conocían el final que
ahora se ha destapado (han aparecido los cuerpos).
Este es
el relato de un hombre que en el valle apodaban “el chorizo”.
Cuando pregunté a los dos viejetes si le llamaban así por ser
un enamorado de lo ajeno, los dos me contestaron que en
absoluto, que era una buena persona al igual que lo han sido
sus seis hijos (dos chicas y cuatro chicos). Pero desconocían
el por qué del apodo. Vivía en Villasana, en la casa que se
conoce por la de las telegrafistas y vivía de alquiler o como
dicen por estas tierras “de renta”.
Una
noche recorrió acompañado y por última vez el corto camino que
va desde la casa a la iglesia: cruzar la carretera, subir la
pequeña cuesta de la carnicería y entrar en la iglesia. Esa
noche otros ocho varones también fueron invitados con
acompañamiento a la iglesia pero hubo uno que dijo que no iba
y no tuvieron valor para sacarle de su casa (salvó la vida y
vio quienes iban a ser sus verdugos pero no vio a los
instigadores de su fallida detención).
Probablemente nuestro buen hombre “el chorizo” fue asesinado
sin saber que una familia, bueno más bien un vecino de un
pueblo cercano le había elegido para el patíbulo porque en un
juicio “el chorizo” no le había dado la razón. Poco le importó
a este instigador que “el chorizo” dejara viuda y seis hijos.
Lejos
estaba la familia del instigador de lo que se le avecinaba. La
venganza no se hizo esperar y cuando el valle cayó en manos
del otro bando esto fue lo que ocurrió: mataron a los dos
varones de la familia y se salvó el tercero porque no estaba
en el valle, les quemaron una casa nueva y la otra se la
desvalijaron de arriba a bajo, las mujeres tuvieron que huir a
Santander y las fincas de trigo fueron segadas y trilladas por
el bando que creyeron ser los vencedores de esta guerra.
Cuando
la guerra acabó esta familia instigadora o lo que quedaba de
ella volvió al valle, vendió las fincas y lo que quedaba de
casa y que yo sepa nunca más volvió. Pero yo se que el reloj
de pared de aquella casa que desvalijaron de arriba abajo fue
a parar a una casa de un pueblo vecino. Y hoy es el día que
cuando paso al lado de la casa del reloj suelo escuchar como
da las horas y le digo a mi yegua: - MIRA COMO SUENA LA
MEMORIA VIVA-
El
pueblo del valle que más sufrió de la cólera de esta guerra de
envidias fue Lezana.
La Peña
fue un refugio bastante seguro para el bando de los nacionales
y aún hoy suena el nombre de GABRIEL, un pastor de Anzo que
por las noches hacia de guía y subía a la gente por el
portillo del Polvero y por el otro sendero de la derecha del
Polvero.
El bando
de los rojos ( los de izquierdas) marcharon hacia Santander
pasando el Ordunte por el portillo de la Brena. Muchos cuentan
que llevaron el ganado y los enseres que pudieron acarrear. Un
éxodo que les salvó la vida, cuando volvieron al valle sus
casas habían sido expoliadas.
Pero la
historia no acaba aquí, hoy en Villasana hay una calle que
lleva el nombre de un hijo del “chorizo” y lleva su nombre
porque murió salvando la vida a seres humanos.
Pero
aunque nadie le recordará, su apellido estará siempre vivo y
en boca de todos porque es el lugar donde nuestra patrona
tiene su morada.
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