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Poco antes de la hora de comer se presentaba, sin previa
invitación, un simpático buitre leonado (Gyps fulvus) en
la finca de mi casa.
Se paseaba por la finca como si lo hubiese hecho toda la vida,
solo se molestaba cuando las vacas iban a curiosear y ni cortas ni
perezosas le dieron unas cuantas “amochadas” fue entonces cuando
decidió cobijarse en la casa. La primera puerta que vio abierta
por ella se metió y allí se topó con los otros animales (los
humanos). Tampoco se inmutó, miraba con ojos de pasota, hacía como
que no le importaba la presencia de los inquilinos de la casa.
A mi, por un momento, me recordó a tantos y tantos africanos que
salen de su hábitat y cuando llegan a algún lugar sus miradas
están pérdidas de tristeza como la de este grandote pajarote.
¿De donde venía? ¿Por cuantos avatares había pasado hasta llegar a
la casa?
Hubiese sido muy fácil sacarle fotos desde todos los ángulos pero
creo que el buitre también tiene su dignidad y la situación no era
fotogénica para él.
No todos los días se tiene el privilegio de disfrutar de la
compañía de un buitre leonado cuando tantas veces les he tenido
que observar de lejos y con prismáticos. Sus “compatriotas”
permanecen posados en las repisas de la Peña y nos miran sin mover
un músculo cuando subimos el último tramo del camino “El
Cuatro”.Los buitres ocupan en la naturaleza el último eslabón de
la cadena trófica, tienen la ingrata tarea de liberarnos de la
carroña. No son depredadores sino carroñeros claro que sus hábitos
pueden cambiar.
Desde que apareció la enfermedad de las vacas locas han
desaparecido los muladares ya que el ganado vacuno que muere tiene
que incinerarse. La colonia de buitres se ha encontrado de la
noche a la mañana con que no tiene que llevarse a la boca y a lo
que no están dispuestos es a dejarse morir por inanición.
Sencillamente se han buscado los recursos a los que el
hombre les ha abocado. Cuando detectan una vaca indefensa pariendo
pues bajan y ¡al hambre no hay pan duro!.
Pero este jovencito “cuello pelado” aún no sabe lo que es buscarse
la comida.
Prefiero pensar que cuando se despertó por la mañana y harto de
contemplar el valle desde la repisa de la roca y esperar a que sus
padres le regurgitasen algo de comer, decidió hacer una ruta
turística por el valle de Mena y cuando se cansó pues ¿Qué mejor
que recalar en casa de la guía Irene?
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