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“El instinto y el destino”
Hace un tiempo,
exactamente dieciséis años, que le vi por primera vez, en una
exposición de fotografía.
Yo estaba dentro de la sala, cuando entró por la puerta, venía solo
como le he visto a lo largo de todo este tiempo. Miró las fotos una
por una sin detenerse demasiado. Ni una sola vez observó a los que
estábamos en el lugar. Yo, si le observé a él: era moreno como un
gitano, delgado y más zarrapastroso imposible pero tremendamente
atractivo.
Salió de la sala y se marchó en una bici tan descacharrada como él.
¡vamos que la bici le venía como anillo al dedo!
Quedé maravillada de aquel hombre y pensé: - ¡Algún día vendrá a
recorrer el valle conmigo!.
Un buen día encontré la peculiar bici apoyada en la pared de una casa
y en otra ocasión le vi a él en la misma casa haciendo labores en el
jardín. Una mañana nos cruzamos en un callejón, ni tan siquiera me
miró.
Pero una mañana del verano del 2004, a las 9h, cuando estaba revisando
la lista de las personas que participaban en un monográfico de
montaña (La Peña), apareció.
Había mucha gente y yo no sabía ni su nombre ni apellido.
Le veía como se acercaba y pensaba: - ¡Aquí llega!
Cuando ya estaba cada vez más cerca y le observé bien no daba crédito
a lo que veía: Apareció pertrechado con una bota de vino colgada al
hombro y una vara de avellano, estos eran todos sus enseres para una
travesía por la Peña con calor y ocho horas de caminata.
Pensé :- Tarda quince años en aparecer y se presenta de esta guisa.
¿Qué se creerá este que es la Peña? ¿ Se creerá que con el vino está
todo solucionado?
Y me acordé de un vecino de Villasuso que cuando volvía borracho a
casa
decía: -Dicen que el vino da fuerzas y yo me vengo cayendo.
Por primera vez le veía de cerca. Muchas canas sobresalían ya por
entre su pelo negro, demasiadas arrugas en su rostro y algo demacrado
pero no había perdido un ápice de su atractivo.
No hice ningún comentario de su indumentaria pero pensé: - Este, hoy
acaba en parihuela.
Comenzamos la travesía por la Peña, yo me centré en mi trabajo con el
firme propósito de no acercarme a él para nada y menos observarle. El
calor y los fuertes desniveles agotaban al personal pero no hay como
hacer paradas para comentar la belleza de todo lo que se presenta a
nuestros ojos y aquel día La Peña se mostraba espléndida. Este es el
mejor reconstituyente.
Alguna vez, pocas, se acercó a mi para preguntarme o comentarme algo
relacionado con la Peña.
Supe que es un “híbrido” de losina y menés y que vive muy lejos del
valle pero cada vez que puede pasa largas estancias en él. Viaja
continuamente por todo el mundo y muchas veces a países donde la
pobreza, las catástrofes y sobre todo la enfermedad se ceban con el
ser humano.
Si su físico es atractivo no lo es menos su persona.
Todo el grupo se comunicaba como si se conociesen de toda la vida y
eso hizo mi trabajo mucho más fácil y gratificante. En las paradas
para los tentempiés, me imagino que, alguien compartiría comida con él
y él vino con los demás.
Las pocas veces que coincidí con él, a lo largo de tantas horas,
caminaba estupendamente, claro que la carga no le pesaba. Y el destino
o no se quién quiso que la última media hora caminásemos juntos.
El instinto me dice que llegaremos a cultivar una buena amistad, solo
espero que no pasen otros quince años.
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