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En estos menesteres me encontraba
cuando apareció un miembro de La Autoridad con una linterna.
Hay que decir que era ya de noche, no tenía el cubo de agua y
algo fundamental, carecía del permiso de quemar.
Desde hace unos años hay una normativa para encender un fuego
por pequeño que sea: se pide un permiso de quema a la
Guardería forestal del valle y una vez con el permiso, el día
que se va a encender el fuego se comunicá.
Si cada vez que enciendo una hoguera tengo que cumplir el
protocolo acabaríamos todos más que hartos.
Cuando apareció el buen hombre con la
linterna el fuego estaba prácticamente consumido, quedaban
cuatro ascuas y algo de humo.
Debo decir que no recuerdo a nadie
que me haya tratado con tanta benevolencia y paciencia.
Después de comprobar que me había saltado todas las normas me
insistía para que apagase el fuego pero yo le decía que
esperase un poco y así se acababa de quemar toda la maleza.
Decía- Señora, ¡Apague el fuego!
¿Dónde tiene el cubo con el agua?
El cubo con el agua estaba en casa,
un poco alejado de donde estábamos. Agua había en abundancia
allí mismo (el río y la fuente) pero no tenía recipiente con
que cogerlo.
Estábamos en este tira y afloja (él
que apagase el fuego y yo que esperase un poco) cuando
apareció otra linterna, la de otro compañero. Este se informa
por mediación del otro y es tajante:
-Señora, apaga el fuego o ¿quiere
que le pongan una denuncia?.
Yo – Bueno, cuiden un momento el
fuego, que voy a casa a por el cubo.
Para cuando volví con el cubo
saltaban chispas pero no precisamente del fuego. Tenían un
cabreo manifiesto me informaron por activa y por pasiva los
pasos que tenía que dar por si se me ocurría volver a encender
una hoguera.
En ningún momento me enfocaron con
las linternas a los ojos, a la que enfocaron varias veces fue
a la mastina que se les acercaba en actitud interrogante.
Hasta que no apague los cuatro
hierbajos no se marcharon.
SIN
DUDARLO, HAY BUENA GENTE PULULANDO POR EL MUNDO. |